Alan se quedó callado un segundo y luego sonrió:
—Está bien, está bien.
Dijo eso mientras tomaba el tazón de sopa que Camila tenía y lo puso frente a mí.
Le sonreí a Camila:
—Entonces gracias por la sopa, Camila. Prometo que me la voy a tomar cuando acabe de comer.
Por un momento, algo de enojo le pasó por los ojos.
Después sonrió, como si escondiera algo, y dijo:
—Aurora, qué suerte tienes. Tienes un amigo tan detallista como Alan.
Alan levantó una ceja, miró a Mateo y no dijo nada.
Camila sigu