—Mateo...
En ese instante, Camila entró corriendo.
Vio que Mateo y yo estábamos peleando y se quedó parada un momento. Después, con los ojos llenos de lágrimas, miró a Mateo y dijo:
—Es hora de irnos, el doctor Rizzo dijo que hoy iba a venir por los medicamentos, así que Mateo...
Mateo me empujó fuerte.
Me agarré del escritorio para no caer.
Él me miró con desprecio y dijo:
—¡Fuera!
Me levanté y salí del despacho.
¡Que se quede con su rabia! ¿Pensó que me quedaría ahí aguantando sus gritos?
Al s