No sé qué dije que lo irritó tanto, pero de pronto me vio con una mirada de mucha rabia.
Di dos pasos hacia atrás, mirándolo con cuidado.
—No te enojes, solo que de verdad no quiero ir a Ambarada.
Tenía que asistir al evento de baile y ganar esos treinta mil.
De ninguna manera podía acompañarlo.
Mateo fumó su cigarro con calma, pero su mirada no se apartó de mí por un rato que yo sentí como una eternidad.
Inquieta, jugaba con mis dedos, incapaz de decir algo.
Cuando por fin terminó el cigar