—¿Estás en serio segura... de que no necesitas contarle a Mateo?
—¡Ni más que hiciera falta!
Respondí con firmeza, y Alan se rio como un villano de película.
Si no estuviera segura de que Mateo está en Ambarada por trabajo, habría pensado que estaba escondido en algún lugar cercano.
Alan no tardó en mandar traer el vestuario.
Cuando lo vi, hice una mueca. No pude contenerme.
—Quizás... ¿habrá un error con el vestuario?
Lo que me trajeron fue un disfraz de sirvienta sexy, descarado y provo