Me quedé helada con su grito. Después de un rato, giré y me fui.
Ese tipo era de lo más raro.
Solo le pregunté si se sentía mal y me contestó como fiera, diciendo que no quería mi lástima.
Qué chiste.
¿Quién iba a sentir pena por él?
Mírenlo bien: se cree el dueño del mundo.
Si voy a compadecerme de alguien, seguro no sería de Mateo, ¿no?
Justo cuando abría la puerta para salir, escuché algo romperse atrás.
No me volteé. En mi mente, le dije: "Pinche loco".
Al salir de la oficina, todos me estab