Esos diez mil dólares... sin duda eran el pago por haber dormido con él.
Sonreí con amargura, sintiendo vergüenza de mí misma.
Ese hombre me envió ese dinero en este momento solo para humillarme.
Porque le dije que su contacto me daba asco, y él, a propósito, me mandó dinero para recordarme que solo soy una mujer interesada que vende su cuerpo.
Apoyada en el sofá, me reí con rabia mientras las lágrimas rodaban por mi cara.
—Ja... Mateo.
Espera. Cuando ahorre suficiente, cuando encuentre cómo esc