Me mordí la lengua y no dije nada.
En ese momento, sentía tanto coraje contra Mateo que hasta pensé en usar a Javier para hacerlo enojar.
Pero, ahora que lo pienso bien, qué idea tan tonta.
¿Cómo se me ocurrió usar a otro hombre para provocar a alguien que ni siquiera me quiere?
Javier se quedó callado un rato mirándome, luego dejó escapar un suspiro:
—Vamos, te acompaño.
—No hace falta —le contesté—.
Afuera hay muchos taxis, puedo tomar uno sin problema.
Javier no insistió:
—Como quieras.
Hizo