Miré la pantalla, dudando.
¿Contesto o no?
Al final decidí contestar. Ese hombre cambia de humor tan rápido que si no contesto, seguro se vuelve loco.
Le di al botón para contestar, sin decir nada, esperando que fuera él el que hablara primero.
Al instante, una voz suave de mujer vino del otro lado:
—¿Hola, es Aurora?
Dios santo.
Era Camila, usando el teléfono de Mateo.
Qué fastidio, si hubiera sabido, no lo habría contestado.
Ahora que escucho su voz, me da más molestias.
No entiendo cómo Mateo