Pero al girarme así, me encontré de lleno con la mirada profunda de Mateo, y mi corazón dio un brinco.
Aparté la mirada de inmediato y, con la cabeza baja, corrí hacia la cocina.
Al entrar, cerré la puerta de golpe y me apoyé contra ella, con el corazón desbocado.
Aurora, Aurora… ¿de verdad tienes tan poca resistencia?
“Con Mateo llevas años de matrimonio… hemos compartido la cama quién sabe cuántas veces, ¿y aun así te basta una mirada suya para que el corazón se te descontrole?”
“Ay…”
“Tranqui