En cuanto la puerta se abrió, vi a varios hombres vestidos de negro, todos con expresiones sombrías, y con la cintura abultada de forma evidente, como si estuvieran armados.
Me sobresalté y pregunté con miedo:
—¿U… ustedes quiénes son? Este lugar es territorio de Ricardo. Ustedes…
—No tengas miedo, soy yo.
Acompañando aquella voz benévola, los hombres se apartaron a ambos lados y dejaron libre un espacio.
Solo entonces descubrí que el señor Felipe estaba aquí en persona.
Además de él, también es