Capítulo 2085
Sin darme cuenta, la aguja del reloj ya marcaba las nueve.

Levanté apenas una esquina de la cortina y miré hacia afuera.

La noche, al otro lado de la ventana, era tan espesa como la tinta, parecía imposible de disipar. Hasta las farolas del jardín, a lo lejos, estaban cubiertas por una capa de neblina que las volvía borrosas.

El viento arrastraba hojas secas con un susurro áspero y las sombras de los árboles se balanceaban torcidas bajo la luz de la luna, como un grupo de fantasmas con las garra
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