Adopté de inmediato una expresión avergonzada y le respondí:
—Claro que sí. Si no terminábamos ya, el entrenador Darío nos iba a descubrir.
La mirada de Ricardo pasó por encima de Mateo y preguntó, sonriendo:
—¿Por qué te cubres tanto? ¿Temes que alguien descubra algo?
—¡Shh! —Con la cara roja, le susurré—: Hace un momento nos emocionamos demasiado y no me di cuenta… le dejé varias marcas de mordidas en el cuello y en los labios. Temíamos que alguien las viera, así que las tapamos. Señor Ricardo