Cuando Mateo puso su mano sobre la parte más sensible de mi pecho, sentí un miedo instantáneo y grité, atrapando su mano con fuerza.
Estaba tan nerviosa que apenas pude hablar, mi voz sonaba diferente:
— Mateo… ¿Qué... qué estás haciendo? ¿No dijiste que no… no tenías interés?
Justo en ese momento, alguien tocó la puerta.
Era la voz de Ryan desde afuera:
— Aurora, abre, soy yo, Ryan.
Mi cabeza iba a estallar. ¿Cómo había llegado Ryan otra vez?
Miré a Mateo, que me observaba. Sus ojos, antes indi