De una vez puse una expresión alegre y algo interesada, y lo halagué:
—Gracias, Darío. Muchas gracias. Usted es el mejor.
—Ve, ve… elige lo más caro. No me hagas quedar mal.
"Darío" agitó la mano con impaciencia y, cuando se dio la vuelta, se dejó caer en el sofá que estaba ahí.
Yo seguí a la vendedora hasta la zona VIP para elegir ropa y accesorios.
Pero cuando me acordé de la misión que el señor Felipe me había encargado, el ánimo se me vino abajo.
Cuando regresara, debía hablar bien del plan