A Ryan ya ni le importaba lo que yo pensara. Le dijo al mesero:
— Quiero un bife de chorizo, y también…
Seguía pasando páginas del menú como si tuviera una tarjeta sin límite.
Me empezó a desesperar. ¡De veras iba a pedir también ese vino de quinientos dólares!
De un tirón, le bajé el menú y le hablé directo al mesero:
— Nada de bife de chorizo. Vamos a pedir otra cosa.
— Aurora… —Ryan me miró con fastidio, como si yo fuera la que arruinaba todo.
Y para completar la escena, el mesero me lanzó un