Carlos cerró los ojos y pegó un grito horrible.
—¡Cállense! —con el cuerpo entero temblándole, señaló a Camila y a Josiah, y gritó hasta quedarse sin voz—. ¡Ustedes merecen morir! ¡Merecen morir! ¡En este mundo, los que más merecen morir son ustedes... ustedes!
En ese instante, sintió que estaba viendo lo más sucio y asqueroso que podía existir.
Todas las cosas en las que había creído se derrumbaron de una vez.
Se agarró la cabeza y gritó del dolor, totalmente destruido.
Alan lo miró con mucha l