De verdad, Mateo... ni siquiera delante de otras personas se sabía aguantar un poco. Qué situación tan vergonzosa. Pero cuando lo miré feo, Mateo nada más sonrió, y encima con un aire un poco descarado. En fin, mejor no discutir con él. Cuando este hombre se pone malo, de verdad no le importa ni el momento ni el lugar. Agarré mi celular de la mesita de noche y salí corriendo.
Ya había llegado la primavera y el sol de la mañana brillaba muy fuerte; cuando pegaba en la tierra, parecía que todo el