Mateo se rio en mi cara, se agachó y me miró:—¿Cómo que no sabías nada? Aurora, ¿a quién quieres engañar?
—¡De verdad no lo sabía! —dije, apoyándome en el suelo, débil por el vino.
Mateo dio una calada al cigarro y me habló con un tono sarcástico, sonriendo:
—Lo que tu digas, supongamos que no lo sabías. Pero antes de venir, sabías perfectamente que él era el dueño de esta empresa. ¿Por qué sigues trabajando para él? ¿Por qué lo acompañas aquí y luchas tan duro por conseguirle inversiones? Auror