Me quedé impactada, no pude reaccionar cuando Mateo me agarró del brazo y empezó a jalarme fuera de la oficina.—¿Qué diablos haces? —intenté soltarme.
Pero me apretaba con tanta fuerza que la muñeca me dolía. Iba tan rápido que apenas si podía seguirle el paso, sentía que me arrastraba.
Ya me sentía fatal, el estómago me daba vueltas como si fuera a reventar.
Con él llevándome así, lo único que pensaba era que iba a vomitar ahí mismo.
Lo tomé del brazo, con la voz entrecortada por el malestar:
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