Javier se quedó mirándome un momento antes de decir, serio:
—Lo haría, te aseguro que me duele verte así.
—Eso es —respondí con una sonrisa—. Mateo me quiere más que tú; si a ti ya te da pena, él naturalmente va a sentir más.
La sonrisa de Javier se volvió rígida.
Suspiré por dentro.
Aunque me repetía a mí misma que no podía hacer enojar a este hombre si quería recuperar mi teléfono, a veces no podía controlar mi temperamento ni mis palabras.
Por suerte, Javier no se enfureció ni perdió el contr