El señor Martínez estaba recostado en su silla tomando café.Cuando me vio entrar, soltó la taza y me dijo:
—¿Si estás tan mal, por qué no te tomaste unos días más para descansar?
Su tono ya no era como antes, tenía un toque de burla.
No sabía si le había molestado que faltara al trabajo.
Rápido le respondí:
—Ayer tuve un problema en casa y no pude venir, lo siento. A partir de ahora cumpliré el horario y no faltaré ni un día.
Se quedó mirándome un momento y, de pronto, bajó la vista hacia mi abd