Lo miré sin hacer más preguntas. Si ni siquiera él estaba seguro, preguntarle no serviría de nada. No tenía hambre antes, pero al ver todos esos ingredientes que Ricardo había traído… sentí el estómago vacío.
—Sube a descansar. Yo voy a cocinar —dije mientras intentaba tomar la canasta, pero él levantó la mano y sonrió.
—Mejor cocino yo.
—¿Cómo que tú?
Arrugué la frente, preocupada.
—Estás herido. Con solo estar de pie ya debería ser difícil. ¿Cómo vas a cocinar?
Mateo me miró, divertido.
—¿Quié