Capítulo 8. Cediendo
Erik entró a toda prisa a su habitación mientras llevaba a Hedda en sus brazos, la depositó con mucho cuidado en la cama.
—Einar. ¿Dónde está Kaira? —Gritó sin poder quitar la mirada de Hedda. Apenas había entrado con ella al palacio, hizo que todo el mundo corriera en busca de ayuda. Cuando la encontró tirada en el suelo, su corazón se detuvo, y dolía tanto como si le estuvieran clavando una espada.
—Viene en camino, señor.
—Ve y tráela, ahora —Ordenó. Einar salió corriendo de la habitación.
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