Capítulo 10. Perdonado
—¿Puedo pasar? —Erik asomó su cabeza por la puerta
—Es tu habitación, ¿no?
—También es tuya.
—Eso no es cierto. Llévame a mi habitación —demandó
—Esta es tu habitación, nuestra habitación —corrigió Erik.
—Entonces me iré por mi cuenta. —Hedda se sentó en la cama y se apoyó en su pie sano para levantarse, no dio ni un paso porque Erik la levantó en sus brazos.
—¿Por qué no cedes un poco? —Se sentó en la cama con ella en sus regazos.
—¿Por qué debería? Cuando lo intenté, enviaste a mi doncella a