Amanda
Leila no sabe que responder, está parada frente a mi con los ojos desmesuradamente abiertos.
Balbucea y vuelve a callar, sé que no debí utilizar sus debilidades, pero ya no podía soportar más.
—Eres... Eres una maldita, sabía que tu pinta de niña buena solo es una careta, una bruja es lo que eres.
—Y no te equivocas, pero yo no voy por la calle diciendo, hay miren soy la pobre Amanda que su novio la engaño con su mejor amiga, hay miren como estoy llorando —finjo llorar, hasta dramatizo a