Miró por el rabillo del ojo, el sillón desarmado e hizo un gesto de sonrisa. Aún le da un poco de gracia ver el rostro de Esteban, cada vez que lo veía sabiendo que no se podría sentar cómodamente. Pero esperaba que solo fuera un tiempo.
Pronto volverá con el sillón armado.
Bosteza, una hora después. Ya eran las 7:30 de la mañana. Se fué dispuesta a bañarse, ya que había sudado mientras hacia ejercicio.
Después de bañarse, tomó su cartera, su saco y fue a visitar a su amiga Melisa. En cuanto ll