—La verdad es qué estaba riquísimo, Esteban.
—En realidad no lo hice solo, tú me ayudaste a cortar las verduras.
—Puede ser, pero el que estaba pendiente de ellas eras tu.
—Yo estaba de aquí para allá buscando a la ternera, que no quería entrar —comentó divertida Briana.
—Ya todo lo que hacemos los dos juntos, suena magnífico.
Resulta magnífico. Briana se sonrojo, después de lavar los platos. Subió escaleras arriba, intentando esquivar.
Esteban le da bastante vergüenza tener que enfrentar sus s