Después de un tiempo de no hacer nada, llegamos: a una tranquera de madera, algo desgastada. Mire mi alrededor con curiosidad, a un lado estaba una ruta bastante transitada.
—Da miedo la entrada—murmure divertida.
— Buuu
—¿Haces bromas?—pregunté asombrada.
—Si —contestó y rodó los ojos.
Me río.
Un auto venía desde no sabía dónde, una chica parecida a él: se bajó. Tenía una pequeña niña a su lado, de cabello dorado.
—¿Nos bajamos?
—Ella abrirá y entraremos.
La saludé con la mano y ella hizo lo m