Capítulo 50. Bebes
POV LIRA
El dolor no es una ola; es un incendio que devora todo a su paso.
Comenzó en la madrugada, una presión sorda que ignoré hasta que se convirtió en una garra que me apretaba la espalda, recordándome que el tiempo de esconderse se había terminado. Cuando Thomas llegó a mi puerta, alertado por mi llamada jadeante, la nieve de la primavera estaba empezando a derretirse, pero yo sentía que el mundo entero se estaba desmoronando bajo mis pies.
—Respira, Elena —murmuró Thomas mientras me ayudaba a subir a su camioneta. Su voz era la única ancla en medio de la tormenta de agonía.
El hospital del pueblo vecino estaba a cuarenta minutos por carreteras serpenteantes. Cada bache era un grito ahogado en mi garganta. Thomas conducía con una concentración férrea, pero de vez en cuando me lanzaba miradas cargadas de una gravedad que nunca antes le había visto.
—Lira —dijo de pronto, usando el nombre que yo había mencionado entre sueños alguna vez—. Nunca te he pedido nada. Ni una explica