La consulta de la psicóloga infantil estaba en un edificio moderno y luminoso del centro de la ciudad. Lucas entró con los hombros rígidos y la mirada baja. Valeria y Diego lo acompañaban, pero la distancia entre ellos se sentía más grande que nunca. La doctora Laura Mendoza, una mujer de unos cuarenta y cinco años con voz suave y mirada atenta, los recibió con una sonrisa cálida.
—Bienvenidos. Lucas, ¿te gustaría hablar primero a solas conmigo o prefieres que tus papás estén presentes?
Lucas d