A medida que corrían las horas, la desesperación se apoderaba cada vez más de Kian. Llevaba horas sin dormir o probar bocado alguno, dando vueltas en la habitación a la espera de que sus amigos llegaran como lo prometieron, pero sentía que la espera estaba siendo eterna.
Estaba cansado, con dolor de cabeza y estómago, con algunas partes de su cuerpo inflamadas debido a los golpes y no había tratado, aún así, todo aquello quedaba en la nada cuando pensaba en Annika y en el dolor que había en su