Controlé la sensación de sentarme a llorar.
—Gracias, pensé que me odiaban.
—Jamás, reconozco que no me gustaba lo indiferente que era con la señora y ahora que sabemos todo lo comprendemos. Necesito las llaves, señor. —afirmé.
Me dirigí a la biblioteca para sacar el llavero donde tenía cada una de las llaves de cada puerta del apartamento, se las entregué. Dichas mujeres eran rápidas, Yamile apoderada de la cocina, era una mujer rellenita, está con nosotros desde hace siete años, Carmen hace s