No tengo idea cómo interpretar su mirada.
—Ayúdame con la maleta, déjalas en esa esquina. Y arregla tu cama.
Me quité la levantadora y me metí debajo del cubrelecho. Él cómo perrito regañado obedeció. Apagó la luz después de arreglar su improvisada cama y me tapé la mitad del rostro con la intención de ocultar la sonrisa, él se había quedado en bóxer mientras organizaba, el cuerpo de mi marido era delicioso.
Las horas pasaron, me estaba muriendo de las ganas por acostarme a su lado, pero ¡no!,