—Amor, yo adoro a tu padre.
—Y yo a tu madre. —En ese instante me desmoroné al escuchar a César—. Tu madre me pegó hijo por haber tomado mucho, sabes que ella odia eso. Esa fue mi falla, además ya nos pedimos perdón. —César se sentó en la cama y Julián se les lanzó a los brazos—. Te juro hijo, que nunca más lo vuelvo a hacer.
—¿Palabra de Abdala?
Esa era la frase de mi suegro, la cual su hijo rompió. No me gustaba mentir, pero ¿cómo contradigo a César sin dañarle el corazón a mi hijo? No puedo.