Dos semanas después…
La sala estaba en completo silencio cuando Víctor Cascuzo, el hombre acusado de secuestrar y torturar a Madisson durante cuatro años, fue escoltado al estrado. Sus manos esposadas tintineaban con cada movimiento. Su rostro, una máscara de desdén, contrastaba con los ojos hundidos que delataban noches de insomnio. Era el segundo juicio, el que enfrentaba por los daños psicológicos, el abuso físico y la manipulación mental que había ejercido sobre su víctima.
El juez de sem