Luciana inclinó su cabeza, mordió su labio inferior.
—Debo irme, los niños no tardan en venir a verme, que pase buena noche, le dejé sus pastillas en orden en su cajita, no olvide tomarlas —recomendó, besó la frente de la señora, y salió con rapidez.
La señora Caridad negó con la cabeza.
Cuando Lu llegó a casa, todo era completa calma, para la buena suerte de ella, porque los niños y Emiliano hubieran hecho preguntas, de qué por qué tenía los ojos rojos e hinchados. Se dirigió a la alcoba, y