Horas antes.
Emiliano, luego de que todos se durmieron, y cuando se aseguró de que Luciana estuviera profunda, sacó el auto y salió con rumbo al lugar donde solía sacar todas sus frustraciones.
Las luces rojas de aquel sitio se enfocaban en los cuerpos semidesnudos de las mujeres, unas bailaban el tubo con atrevidos trajes, otras acompañaban a los clientes.
—Bienvenido —dijo con voz aguardentosa la encargada, una mujer ya madura, de vestido brillante, y maquillaje muy resaltado.
—Buenas