Amarte es mi condena. Cap. 65: Un mini Salvador.
Majo inhaló profundo, apretó los dientes, negó con la cabeza.
—No, tranquila, no es nada.
—¿Quieres que llame a uno de tus empleados? ¿Será que te llevamos al hospital?
—No, claro que no, María Isabel no nacerá hasta que esté su padre presente —aseguró, y en ese momento Salvador la llamó.
—Hola cariño, me demoraré un poco la situación, los comuneros están muy necios. ¿Cómo estás?
—Bien, no te preocupes, resuelve tus problemas.
—¿Seguro te sientes bien?
—Sí amor, solo tengo las molestias de