Amarte es mi condena. Cap. 38: ¡La nueva señora!
Majo no podía conciliar el sueño, deambulaba por el despacho, jamás había tocado las cosas de Salvador, pero ahora quería saber qué era lo que encontró en contra de sus enemigos, así que abrió los cajones, y encontró ahí unas fotografías, las agarró, y miró con ternura, en esas imágenes, aparecía él de niño, ladeó los labios, era un muchachito bastante flaco, sin ninguna gracia, su único atractivo era ese color de ojos que hacía contraste con su piel bronceada, suspiró profundo, ahí salía abraza