Amarte es mi condena. Cap. 31. ¿Qué descubriste?
—¿Qué? —Salvador reaccionó, intentó soltarse gruñendo, estaba desnudo, sin poder agarrar una manta—. Majo no me agrada este juego, suéltame.
—No dijiste eso hace minutos, así que asume las consecuencias, y por cierto esta llavecita se va por el excusado.
Y así lo hizo, la mandó por el sanitario.
—¡Te vas a arrepentir Majo! —advirtió.
—No te tengo miedo, buenas noches. —Salió de la alcoba.
Majo salió de la recamara, y Salvador se quedó vociferando, gruñendo, peleando con las esposas como un