Amarte es mi condena. Cap. 30: Con Majo no se juega.
—Desde hace algún tiempo he querido charlar contigo acerca de Sebas. —Malú se acomodó junto a su esposo en la hamaca.
Abel dejó a un lado el libro que estaba leyendo, abrazó a Malú por la cintura, inhaló una gran bocanada de aire, miró a su mujer a los ojos.
—No puedo hablar de alguien sin tener pruebas que lo incriminen, sabes bien que luego de lo que nos ocurrió con Luz Aída, no volví a acusar a nadie, sin embargo, tengo sospechas.
Malú sintió un estremecimiento en el corazón, rememorar