Amarte es mi condena. Cap. 32: ¡No vuelvas a buscarme!
La voz de Salvador sobresaltó a Majo, la pobre brincó del susto, palideció.
—Nada. —Cerró su computador—, es tarde estoy muy cansada, ya no leo bien, quiero dormir.
Salvador dejó a un lado la bandeja con el vaso con leche y galletas que le llevó a Majo, la miró con seriedad, con esa expresión inquisidora.
—María Joaquina, ¿qué me estás ocultando?
A ella la garganta se le secó, la respiración se le volvió irregular.
—No oculto nada. —No quería decirle en ese momento, y que reaccionara mal y