Amarte es mi condena. Cap. 26: ¡Lo hice por ti!
—No tengo tiempo para eso doctor, dígame dónde compramos el oxígeno —gruñó con ansiedad.
El médico con la mano temblorosa anotó una dirección, y uno de los autos de Arismendi fue por el oxígeno para Majo.
—Usted se viene con nosotros —ordenó al médico.
Majo logró abrir sus ojos, no era la primera vez que le sucedía algo así, esos episodios de alto estrés le causaban esos ataques de taquicardia.
—Mi bolso, ahí tengo mis medicamentos —susurró agitada.
Arismendi frunció el ceño, no sabía que el