capitulo 3

Tenía a Alai en mis brazos. Estaba fría, diría que demasiado fría y muy pálida. Cuando llegué al hospital, se la llevaron en una camilla para examinarla y no sé por qué sentía ganas de golpear algo, me sentía desesperado al no saber qué pasaba.

Pasaron dos horas hasta que el médico salió.

\- ¿Familiares de la señorita Alai Ramírez? - soy yo - me paré y caminé hasta el doctor.

\- ¿Qué hace usted con la paciente? - m****a, ¿qué digo?

\- Soy su novio.

\- La señorita Alai sufre de hipoglucemia. No puede estar muchas horas sin comer y al parecer no comió por un periodo largo, lo que causó la crisis - no puede ser, me siento como una m****a en este momento.

\- Debe comer cada dos horas para que eso no vuelva a pasar - yo asiento.

\- ¿Puedo verla?

\- Sí, claro, es la habitación 201.

\- Gracias.

Camino rápidamente a la habitación y cuando entro, ahí está ella, conectada y muy pálida. Me siento mal, fue mi culpa por poco la mato. Acaricio su mejilla, aún está fría pero se ve hermosa. Siento cómo se mueve y se voltea dándome la espalda, y cuando lo hace, su bata se abre un poco y lo que veo me deja impactado.

Su espalda está llena de cicatrices como si fueran quemaduras o golpes de látigo. Dios mío, ¿quién le hizo esto a esta chica tan dulce e inocente? Le acaricio la espalda suavemente y ella se levanta de golpe.

\- ¿Qué me pasó? - pregunta sentándose de golpe, haciendo que le dé otro mareo.

\- Hey, tranquila, no te levantes así, todavía estás muy débil.

\- ¿Tú me trajiste al hospital?

\- Sí, me preocupé, estabas muy fría y pálida - le tomo la mano y siento cómo se tensa.

\- Alai, lo siento mucho, yo no sabía lo que tenías, por mi culpa casi mueres, me siento mal - ella toca mi mano con la suya y me sonríe.

\- Tranquilo, señor, no pasa nada, usted no sabía lo que yo tenía - ¿cómo puede ser tan buena? Ella es un ángel.

\- Prometo que te dejaré comer todo lo que quieras, es más, me encargaré de que comas cada dos horas mientras estés en el trabajo - ella suelta una risa que me hace reír también.

\- Vaya, con que el gran jefe tiene sonrisa - en ese momento veo que se pone roja.

\- Oh, señor, lo siento, yo...

\- Tranquila, Alai, no me molesto - ella lanza un suspiro de alivio.

\- Descansa, aún te ves cansada, yo estaré aquí - ella asiente, se acomoda y se queda dormida. La observo y no paro de pensar en qué tiene esta niña que hace que pierda el control de mi mente y mi cuerpo, siento atracción por ella a pesar de que es joven, tiene apenas 19, yo tengo 30, es una locura.

Al día siguiente la vi ya levantada.

\- Vaya, ya despertaste - me sonríe.

\- Te quedaste toda la noche, no debiste molestarte.

\- Quería cuidarte y además, no tenías a nadie que te cuidara - ella frunce el ceño.

\- ¿Cómo sabes eso? - oh, dios.

\- ¿Me investigaste? - está enojada.

\- Hacemos eso con todas las personas que entran, por seguridad - veo cómo se pone nerviosa.

\- ¿Y qué más encontraste? - empieza a jugar con su cabello.

\- Nada más.

En ese momento entra el doctor y nos informa que ya nos podemos ir. Ella grita de emoción y yo me río por su reacción. La ayudo y la llevo a su casa.

\- Oye, Maximo, muchas gracias por todo, en serio - ella me mira a los ojos y hay un brillo especial.

\- No hay de qué - le acaricio su mejilla y ella sonríe.

\- Sabes, hace mucho nadie se preocupaba por mí, solo Tamara, pero me imagino que debió estar ocupadísima, pero como ya te diste cuenta, familia no tengo - veo cómo baja la mirada y se le apaga la voz.

\- Estoy solo, Max - la tomo del mentón y le digo.

\- Ya no lo estás - ella me mira, yo le sonrío y le beso la mejilla, haciendo que ella se sonroje, se ve hermosa.

\- Acuérdese de comer, descansa, mañana nos vemos.

\- Gracias, así será.

Y se baja, dejándome con un vacío. Cuando llegué a mi casa, no dejé de pensar en las horrorosas marcas que tiene en su espalda, ¿qué le habrá pasado? Necesito saberlo. Tomo mi celular y llamo a Pedro, mi investigador privado.

\- Pedro, necesito tu ayuda.

\- Dígame, señor.

\- Necesito que investigues a Alai Ramírez, busca toda la información de ella, no quiero que se te escape nada.

\- Ok, señor, mañana tendrá su informe en su oficina.

\- Gracias, Pedro. Feliz noche.

Me acuesto en mi cama, mi cómoda cama, cómo te extrañé. Empiezo a pensar en Alai, mi chica de pelo rubio y ojos grises, y me quedo profundamente dormido.

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Elvira PortilloAlai es una niña, muy joven, cuánto habrá sufrido, quizás fue golpeada por sus padres, una niña maltratada
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