Dejé de respirar por un momento.
Sus palabras eran tranquilas, sin la burla habitual. Y eso era lo que me confundía más que cualquier broma.
"Ah", fue todo lo que pude decir, mirando hacia el parabrisas.
Mis manos se apretaron sobre el volante.
"Entonces... ¿decidiste practicar los cumplidos?" Intenté bromear, aunque mi voz se había vuelto traicioneramente suave.
"Acabo de corregir la redacción", respondió con calma, reclinándose en su asiento. "Eres demasiado rápido para ofenderte".
"Y eres de