Sienna
El día se alargó más de lo que esperaba. Cada vez que salíamos de la suite, sentía miradas — no un par, sino varias. Quizás era paranoia. Quizás no.
El vestíbulo estaba vivo de movimiento — viajeros hablando, equipaje rodando, el débil tintineo de vasos en la esquina de la cafetería — pero incluso con todo ese ruido, no podía quitarme la sensación de que la mirada de alguien nos seguía.
Jaxon intentaba actuar con calma, pero podía notar que su mente estaba en otra parte. Ahora llevaba su