Sienna
La habitación estaba en silencio.
El único sonido era el del ventilador girando lentamente sobre nosotros, moviendo el aire de un lado a otro. La noche se sentía pesada y tranquila, envolviéndonos como una manta.
Jaxon yacía a mi lado, con un brazo apoyado sobre mi cintura. Sus dedos se movían en pequeños y perezosos círculos contra mi piel. Al principio no hablamos. Solo respirábamos —de forma lenta y acompasada— como si el mundo exterior ya no importara.
Me giré para mirarlo. Tenía los