**Sienna**
El brillo de mi teléfono iluminaba la habitación con un suave azul, el hilo de nuestros mensajes aún abierto. Mis últimas palabras para él colgaban allí como un desafío:
Te quiero. ¿Vendrías a mi habitación?
Los tres puntos aparecieron. Desaparecieron. Luego volvieron a aparecer. Mi corazón latía tan rápido que sentía que se me saldría del pecho.
Unos minutos después, el más leve crujido del suelo junto a mi puerta me hizo sentarme. Mi pulso se aceleró mientras el pomo giraba lentame