Al ver el acordeón tirado en el suelo, el rostro de Mariana se congeló de inmediato.
Creía haberlo perdido; jamás pensó que terminaría en las manos de Alejandro.
—El director me dijo que tus calificaciones han caído en picada, así que revisé tus exámenes. La profesora encontró este papel en el piso, cerca de tu lugar. Esta es tu letra, no me voy a equivocar. ¿Aún así quieres negarlo?
Alejandro le puso la evidencia delante, clara y contundente.
—Alejandro… déjame explicarte…
Mariana trató de cont