Se decía que ambos se habían conocido en el extranjero.
Y últimamente los rumores habían crecido como la espuma: que Mateo llevaba años sin acercarse a ninguna mujer justamente por esta tal Susana.
El secretario abrió la puerta del carro.
Mateo bajó primero y enseguida tendió la mano para ayudar a Sofía a descender.
En cuanto ella apareció, se escuchó un murmullo colectivo, como un suspiro contenido.
Su rostro era de una belleza deslumbrante, imposible de ignorar; y sus ojos, con esa luz enigmát